En nuestro último día en la India hemos decidido ver los pocos monumentos que hay en la capital. El primer lugar al que nos dirigimos es el Akshardham, que es un complejo de templos muy extenso; pero al llegar allí vemos que te obligan a dejarlo todo el consigna, incluidas cámaras y móviles, así que como nos fiamos mucho de esta gente lo vemos por fuera y nos vamos. La siguiente parada es el Indian Gate, un enorme arco de ladrillos dedicado a los soldados indios caídos en la segunda guerra mundial.
A continuación decidimos ir a ver el edificio del parlamento y el palacio presidencial, para llegar hasta allí negociamos con varios tuk tuk hasta llegar a un acuerdo con uno. De camino ocurre una de esas situaciones absurdas que nos encantan; el del tuk tuk para y nos pide el plano de la ciudad, se va a buscar a otro chófer de tuk tuk y le da el plano, nuestro chófer se va para uno que está por allí vendiendo gafas y le pide una y se las lleva al del otro tuk tuk para que pueda ver el plano, cuando se aclara le devuelve las gafas al vendedor ambulante, nos devuelve el plano y nos termina de llevar al sitio.
El siguiente momento gracioso se produce cuando estamos viendo los edificios gubernamentales y se acerca un hombre a Felipe, al principio creíamos que quería que le hiciera una foto, pero resultó que lo que pretendía era hacerse un selfie con Felipe, algo que no consiguió.
A continuación pensamos en ir hasta el Fuerte Rojo y comer por los alrededores, con lo que no contábamos era con que al salir del metro en esa zona entrábamos en el inframundo. Cualquier descripción que pretenda realizar acerca de lo que vimos se quedará corta, simplemente diré que, salvo una zona de guerra, no creo que exista en el mundo un sitio con mayor cantidad de miseria, suciedad e inmundicia por metro cuadrado. Nos acercamos al Fuerte Rojo, para entrar había un arco de seguridad y un cacheo por el que tenían que pasar los indios, los turistas pasábamos por otro arco sin que nadie nos dijera nada.
Ya en la explanada delante de la fachada principal nos paramos a la hacernos una foto, primero se acerca un hombre para decirle a Trigueros que su niño quiere hacerse una foto con él; y cuando nos hubimos hecho nuestra foto llegó uno que pretendía hacerse un selfie con los tres, pero Felipe y yo preferimos no estropear la foto y dejar que se la hiciera solo con Trigueros.
Cogimos un tuk tuk a pedales para que nos llevara hasta la Mezquita del viernes. En esta ocasión no entramos porque había que descalzarse y, visto lo visto, quisimos ahorrarnos una infección y seguir vivos. Desde allí nos fuimos lo más rápido posible hacia el metro para dejar esa zona y salir del inframundo.
Llegamos hasta Connaught Place sabiendo que es una zona aceptable y entramos en un restaurante en el que pudimos comer, bebernos unas cervecitas y descansar de la calor. Tras salir del restaurante pasamos por el hotel para recoger las maletas y después hacia el aeropuerto para coger el avión que nos lleva hacia Malasia.
En resumen, considerando lo pesados que son los indios, la incontable cantidad de veces que te intentan engañar, que las calles parecen un basurero y los pocos monumentos que hay que ver, no recomendaría a nadie que visite la India.
A continuación decidimos ir a ver el edificio del parlamento y el palacio presidencial, para llegar hasta allí negociamos con varios tuk tuk hasta llegar a un acuerdo con uno. De camino ocurre una de esas situaciones absurdas que nos encantan; el del tuk tuk para y nos pide el plano de la ciudad, se va a buscar a otro chófer de tuk tuk y le da el plano, nuestro chófer se va para uno que está por allí vendiendo gafas y le pide una y se las lleva al del otro tuk tuk para que pueda ver el plano, cuando se aclara le devuelve las gafas al vendedor ambulante, nos devuelve el plano y nos termina de llevar al sitio.
El siguiente momento gracioso se produce cuando estamos viendo los edificios gubernamentales y se acerca un hombre a Felipe, al principio creíamos que quería que le hiciera una foto, pero resultó que lo que pretendía era hacerse un selfie con Felipe, algo que no consiguió.
A continuación pensamos en ir hasta el Fuerte Rojo y comer por los alrededores, con lo que no contábamos era con que al salir del metro en esa zona entrábamos en el inframundo. Cualquier descripción que pretenda realizar acerca de lo que vimos se quedará corta, simplemente diré que, salvo una zona de guerra, no creo que exista en el mundo un sitio con mayor cantidad de miseria, suciedad e inmundicia por metro cuadrado. Nos acercamos al Fuerte Rojo, para entrar había un arco de seguridad y un cacheo por el que tenían que pasar los indios, los turistas pasábamos por otro arco sin que nadie nos dijera nada.
Ya en la explanada delante de la fachada principal nos paramos a la hacernos una foto, primero se acerca un hombre para decirle a Trigueros que su niño quiere hacerse una foto con él; y cuando nos hubimos hecho nuestra foto llegó uno que pretendía hacerse un selfie con los tres, pero Felipe y yo preferimos no estropear la foto y dejar que se la hiciera solo con Trigueros.
Cogimos un tuk tuk a pedales para que nos llevara hasta la Mezquita del viernes. En esta ocasión no entramos porque había que descalzarse y, visto lo visto, quisimos ahorrarnos una infección y seguir vivos. Desde allí nos fuimos lo más rápido posible hacia el metro para dejar esa zona y salir del inframundo.
Llegamos hasta Connaught Place sabiendo que es una zona aceptable y entramos en un restaurante en el que pudimos comer, bebernos unas cervecitas y descansar de la calor. Tras salir del restaurante pasamos por el hotel para recoger las maletas y después hacia el aeropuerto para coger el avión que nos lleva hacia Malasia.
En resumen, considerando lo pesados que son los indios, la incontable cantidad de veces que te intentan engañar, que las calles parecen un basurero y los pocos monumentos que hay que ver, no recomendaría a nadie que visite la India.
Akshardham
India Gate
Palacio Presidencial
| Parlamento |
Fuerte Rojo
| Mezquita del viernes |
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