Bueno, después de 21 días de viaje toca hacer un pequeño resumen. Este año hemos recorrido más de veintiocho mil kilómetros pasando por seis países de tres continentes, hemos cogido trece aviones además de muchos otros medios de transporte (barcos, trenes, autobuses, coches). Voy a valorar cada uno de los destinos esperando que sea de utilidad por si alguien se anima a viajar por estos lugares.
El primer país que pisamos tras salir de España fue Egipto, en mi caso sólo pude hacer la visita a las pirámides y he de decir que merece la pena; es verdad que este destino ha caído mucho en los últimos años, pero nosotros no tuvimos ningún problema. Los egipcios son tan pesados como me habían contado aunque es normal que siendo turista te intenten vender de todo. Supongo que en el futuro cuando se estabilice la situación del país volverá a ser un destino turístico de primer orden. Lo peor de pasar por países musulmanes es ver como los ninjas (mujeres vestidas de negro y las que sólo se les ven los ojos) pasan por los controles de seguridad y pasaportes de los aeropuertos sin que nadie se moleste en comprobar quién está debajo de la ropa.
Confieso que no tenía ningún interés en visitar la India y no me equivocaba, estuvimos dos días y medio y a mí me sobraron dos; lo único destacable es el Taj Mahal, pero no es algo que compense todo lo demás que hay que aguantar. Ignoro si el resto del país es igual, mejor o peor y me quedaré con la duda. Como ya dije anteriormente los indios son muchos, muy pesados, mal educados y sucios hasta un extremo insoportable. Si alguien os cae mal decidle que vaya a visitar la India.
Malasia parecía el paraíso terrenal comparado con lo anterior, da la sensación de ser un país un poco más avanzado que los de su entorno, como Taiwán. Limpio, ordenado y con gente educada creo que es un destino que merece la pena; en el lado negativo está que como es un país de mayoría musulmana, las bebidas alcohólicas son muy caras y a las mujeres las llevan muy tapadas.
El único país que hemos repetido con respecto al viaje de hace dos años es Tailandia, y es que en este caso estamos hablando de una apuesta segura. Playas, islas, parques naturales, descanso, fiesta... es posible encontrar lo que uno quiera y adaptado a todos los bolsillos. Los tailandeses son gente cordial y amigable, y las tailandesas son las asiáticas más guapas que hemos visto junto a las filipinas. Aunque este año sí nos hemos dado cuenta al viajar en autobús que aquí el tiempo no es dinero, eso de los horarios y la efectividad no va con ellos.
Al igual que nos pasó hace dos años con Vietnam, el sitio donde más españoles hemos visto es Myanmar, lo que deja claro que es un destino de moda en España. En algunos foros leí que los precios habían ido subiendo en los últimos años, pero eso no quita para que sea barato. La zona de los templos de Bagán me recordó a los templos de Angkor en Camboya, aunque allí son más grandes y menos numerosos. Los birmanos son gente extremadamente educada y agradable, meción aparte merece la suegra de Trigueros que tan bien nos dió de cenar en su restaurante.
A la vuelta pasamos por Rumanía, un país del que creo que la mayoría de la gente tiene peor imagen de lo que se merece. Felipe estuvo hace unos años en Bucarest y apreció en la ciudad un cambio positivo, derivado seguramente de las inversiones comunitarias. Lo peor de los rumanos es, sin duda, que se quedan la vuelta alegando que es una propina. Por lo demás, buena comida, cerveza a la temperatura adecuada y mujeres del este. No es que Bucarest sea la ciudad más monumental de Europa pero está bien.
En este último post aprovecho para poner algunas fotos más y un pequeño vídeo, ya que el wifi en la mayoría de estos países no es muy potente. Ahora toca descansar y más pronto que tarde comenzar a pensar en nuevos destinos, espero que el año que viene sigamos viajando y podamos compartirlo con todos aquellos que nos siguen.
Gizah
Una historia de amor
La India en todo su explendor
Los característicos tuk tuk de Malaca
Puerta de seguridad en Tailandia
Capitán General
Abridor de cervezas made in Myanmar
Meditación
Interior de un templo de Bagán
"Prohibido el paso a muejeres"
Tarjeta de embarque a boli
Ceder el asiento a los monjes budistas
La primera vez que me ponen un huevo duro en una pizza
Último día de nuestro viaje. Nos levantamos tarde ya que estamos un poco cansados de los aviones de los dos últimos días. Después de desayunar nos acercamos a ver el Palacio del Parlamento, edificio de la época comunista y que es el edificio administrativo más grande de Europa y segundo del mundo (sólo el Pentágono es más grande). Para llegar hasta él andamos por la Avenida de la Unidad, también conocida como avenida de las fuentes.
Aunque parece que está relativamente cerca, tardamos más de una hora entre ir y volver. Regresamos al hotel para recoger nuestras maletas y dirigirnos a la parada del autobús del aeropuerto. Después de los habituales controles de seguridad y pasaportes comemos algo antes de subirnos al avión.
Cuando estamos en la cola de embarcar vemos un niño pequeño correteando y le digo a Trigueros: "ése niño va a estar en la fila cuatro" (tenemos asientos en las filas tres y cinco porque ya sabemos que a Ryanair le gusta dar por culo así). Ojalá tuviera el mismo acierto para la primitiva, efectivamente estaba en la fila cuatro pero lo peor es que parecía el niño de la Profecía, todo el vuelo berreando.
Con algo más de media hora de retraso aterrizamos en Madrid, no sé porqué pero nos han dado un buen paseo por las pistas de Barajas. Luego el cercanías a Atocha y el AVE a Santa Justa, pasada la media noche llegamos a Mairena. Ahora toca descansar y mañana subiré el último post con el resumen y la valoración del viaje.
Anoche cogimos el avión en Bangkok y hoy por la mañana hemos aterrizado en Dubai para hacer escala. El aeropuerto es enorme, con varias terminales. Tras desembarcar y entrar en la terminal nos damos cuenta que estamos en la terminal de los tiesos, en la terminal de la gente rica están aparcados los aviones de Fly Emirates.
Después de desayunar un McCafé cagalón y una McDalena nos vamos hacia nuestra puerta para esperar la salida del siguiente vuelo. Una de las curiosidades de los aeropuertos de países islámicos es que tienen salas de oración (separadas por sexo por supuesto), aunque según hemos podido observar la gente las utiliza más bien para dormir.
Al ser la terminal de los pobres no hay fingers (los túneles que permiten entrar directamente al avión) y se nota una calor horrorosa cuando tenemos que ir en el autobús por la pista. A las 10:30 sale el avión en dirección Bucarest.
Llegamos a mediodía a la capital rumana y nos vamos directamente al hotel que está en el centro. Hemos visto por Internet que hay una visita gratuita en español, así que dejamos las maletas rápidamente y buscamos un restaurante para comer. Afortunadamente al lado del hotel hay uno que tiene una cervecería artesana, con lo cual podemos probar la gastronomía local acompañada por unas estupendas cervezas.
Después de comer Felipe se va para el aeropuerto porque él trabaja mañana, Trigueros y yo nos quedamos. Por la tarde y con más calor de la que nos gustaría comienza la visita quite durará un par de horas más o menos. El año pasado en Polonia ya hicimos algunas visitas de este tipo y la verdad es que están muy bien, permite hacerte una idea general de los monumentos y la historia de la ciudad.
Al finalizar la visita nos vamos al hotel para darnos una ducha que ya nos va haciendo falta. Después volvemos al casco histórico para echar una cervezas en una terraza. Hoy no hemos cenado porque hemos comido tarde y nos encontramos con más comida de la prevista, ya que aquí los platos son más grandes y contundentes que en Asia.
Bueno, una vez cumplido el objetivo de llegar hasta Birmania ahora nos toca empezar a deshacer el camino para volver a casa. Lo primero es coger otro avioncito de hélices para volar desde Bagán a Mandalay, ya que el aeropuerto de Bagán es doméstico. Es tan doméstico que no hay ni pantallas para avisar de los vuelos, aparece una persona mirando las pegatinas que nos han puesto para decir si tenemos que pasar a la habitación de embarque (porque llamarlo zona le daría una extensión que no tiene).
El aeropuerto de Mandalay sí es internacional aunque tampoco es que sea demasiado grande, el siguiente avión es a Bangkok donde aterrizamos al mediodía. Mientras almorzamos aprovechamos para hacer la facturación en línea de los vuelos que nos quedan.
Como el siguiente avión lo cogemos de madrugada y en el otro aeropuerto de la ciudad, hemos optado por pasar la tarde en el MBK Center. Los que siguieron el blog del viaje de hace dos años saben que se trata de un centro comercial enorme, con todo tipo de tiendas, restaurantes, cine, zona de ocio, etc. Aquí aprovechamos para hacer algunas compras de última hora y para cenar entramos en un bufé libre japonés.
El siguiente vuelo lo cogemos en el aeropuerto Subarnabhumi, el más grande y moderno de Bangkok. Para llegar hasta allí cogemos el sky train y luego el tren del aeropuerto. Como dije antes teníamos hecha la facturación en línea pero no habíamos podido imprimir las tarjetas de embarque, buscamos por la terminal y encontramos un sitio para imprimir y ahorrarnos pasar por la cola del mostrador de facturación. Así, pasamos directamente a la controles de seguridad y pasaporte; a las 2:35 sale el avión de retorno a Europa.
La mayoría de viajeros recomienda emplear un par de días en la zona de Bagán. Hoy también dedicaremos el día a visitar templos, aunque dada la ingente cantidad que hay no podremos verlos todos. Para hoy el plan es ver los que están situados entre Nyaung y nuevo Bagán.
Al igual que ayer nos hemos levantado temprano. La motos las conducimos Felipe y yo, Trigueros va de paquete con Felipe porque no se fía de mí. Pero al poco de salir del hotel, estos dos meten la directa y me dejan atrás. Me quedo esperando un rato en el cruce en el que nos teníamos que desviar de la carretera, pero como no aparecen sigo por mi cuenta.
Conforme me alejo por caminos de la carretera principal me encuentro menos visitantes en los templos. Se ve que la mayoría de la gente se centra en la más próximos a la carretera y los núcleos de población. En esta zona hay algunos que además de ser bonitos por fuera son muy interesantes porque conservan frescos en sus paredes interiores. También me encuentro algunos en mal estado porque en agosto del año pasado hubo un fuerte terremoto que dañó muchos de ellos.
Cuando se acerca el mediodía el sol empieza a apretar como ayer, y justo cuando iba a pasar por los últimos templos de camino al hotel me encuentro con mis dos compañeros de viaje. Su moto se está quedando sin batería, queda claro que Trigueros es el factor común y que le pesa el culo.
Tras reponer fuerzas con el almuerzo nos damos un baño en la piscina del hotel y descansamos un poco. Ayer no pudimos ver la puesta de sol por culpa de la tormenta, así que volvemos a la pagoda Shewsandaw a ver si hoy es posible.
En la mayoría de los templos nos hemos encontrado hombres, mujeres y niños intentando vender de todo. Lo bueno de la gente de este país es que es educada y no se ponen pesados, solamente hay que decirles una vez que no. Otra de las curiosidades del país es que mujeres y niños suelen pintarse la cara con una crema llamada "thanakha" y que sirve como protección y maquillaje. En este último templo se ha producido una situación graciosa, una niña se ha acercado a Felipe para venderle ropa y la conversación ha sido la siguiente:
- Niña: Where are you from?
- Felipe: From Spain
- Niña: Aquí más barato que en El Corte Inglés
Dado que hoy el tiempo ha estado mejor se ha concentrado mucha gente para ver la puesta de sol en este lugar. Después hemos vuelto al hotel para ducharnos y cambiarnos.
Por tercera noche seguida hemos cenado en el mismo restaurante, el mejor de la zona sin duda; comida de gran calidad a buen precio, tanto ayer como hoy nos han invitado a un aperitivo y es en el que nos han puesto las cervezas más frías en tres semanas de viaje.
Ya mencioné que por aquí la juerga nocturna está justita, así que nos hemos levantado temprano para aprovechar el día. Siendo sinceros nos ha despertado una música a eso de las cinco y media de la mañana que no teníamos claro si procedía de otra habitación o algún hotel cercano.
La zona de los templos de Bagán abarca unos cuarenta kilómetros cuadrados donde se hallan unas cuatro mil pagodas y estupas. Para moverse lo más recomendable es alquilar una bici o una moto eléctrica, como somos tres alquilamos dos motos, en una iremos Felipe y yo y en la otra Trigueros.
Después de desayunar y alquilar la motos nos hemos encontrado una kilométrica procesión que iba hacia un monolito cerca de nuestro hotel. Resulta que hoy es el día de los mártires de la independencia y de ahí procedía la música que nos despertó a horas intempestivas.
A la hora de empezar a visitar templos Trigueros se volvió al hotel a buscar su chubasquero y ha estado perdido toda la mañana. Felipe y yo hemos estado visitando las pagodas más relevantes entre Nyaung y viejo Bagán, para mañana dejaremos la zona entre Nyaung y nuevo Bagán.
En otras entradas he escrito mucho y puesto pocas fotos, en esta intentaré que las imágenes sean lo más relevante. Hay una serie de cuestiones comunes al entrar en cualquier templo: no se puede llevar calzado ni calcetines, no se pueden llevar los hombros al aire y no se pueden llevar pantalones cortos (aunque en esto último hemos notado que son permisivos). Por ello para hoy he optado por una chanclas para poder calzarme y descalzarme rápido y el "longyi" que me compré en Mandalay, que tapa las piernas a la vez que no da calor.
Yendo de templo en templo nos hemos cruzado con muchos de los españoles que conocimos al llegar a Myanmar, a muchos menos al niño Castelar que se nos había perdido. Al amanecer estaba nublado pero a lo largo de la mañana se ha despejado y ha empezado a hacer bastante calor, y además el suelo de los templos ya quemaba. Así, la mejor opción era hacer una pausa, hemos regresado al hotel donde hemos encontrado a Trigueros y nos hemos pegado un baño en la piscina para refrescarnos.
Por la tarde después de almorzar queríamos ver algunos templos más, pero resulta que Trigueros ha estado toda la mañana recorriendo a escape toda la zona y prefería no ver nada más, por lo tanto Felipe y yo hemos cogido las dos motos para seguir visitando. Pretendíamos ver la puesta de sol desde un templo al que se puede subir y que ofrece buenas vistas, pero al estar nublado nuevamente y divisar en lontananza que se avecinaba una tormenta coincidimos en que lo mejor era terminar por hoy y volver al hotel.
No nos hemos librado y nos ha caído el chaparrón, pero eso no ha sido lo malo. Desconocemos si Trigueros ha ido a Mairena y vuelto esta mañana en la moto aunque sería posible dado que ha dejado completamente agotada la batería. Mientras el indicador de la otra moto apenas ha bajado después de cargar toda la mañana con dos personas, la que Trigueros usó nos ha dejado tirados a mitad de camino.
Al igual que ayer hemos salido temprano a cenar para que no nos cierren los sitios. Dado que el restaurante del mediodía no nos ha convencido mucho hemos ido sobre seguro y hemos repetido el de anoche en el que nos han vuelto a tratar tan exquisitamente como nos merecemos.
Como dije en la entrada anterior, Mandalay es una ciudad muy grande, la mayoría de la gente recomienda moverse en bici para visitarla. Nuestro plan inicial era levantarnos temprano para coger unas bicis y poder ver lo máximo posible de la ciudad, pero el tiempo no nos ha acompañado. Ha estado toda la noche lloviendo y al amanecer no ha cambiado, al final a media mañana que ha aflojado un poco hemos pedido un taxi para poder visitar al menos el Palacio Real de Mandalay.
A Trigueros y a mí nos ha recordado a la Ciudad Prohibida de Pekín en pequeño, tiene también un recinto amurallado bastante extenso rodeado por un foso lleno de agua, aunque aquí los edificios ocupan sólo la parte central del recinto. El palacio es una reconstrucción de finales de los ochenta ya que los edificios originales quedaron muy dañados en varios terremotos y en bombardeos durante la segunda guerra mundial. Al terminar la visita volvimos al hotel para recoger las maletas.
Existen varias curiosidades de Myanmar que iré contando, una de ellas es que la mayoría de los hombres no usan pantalones sino una prenda similar a un pareo llamada "longyi". Como lo he visto interesante me he comprado uno en una tienda cercana al hotel, así que me veréis con indumentaria birmana en los próximos días.
A las dos de la tarde hemos cogido un taxi hacia el aeropuerto; otras de las curiosidades del país es que conducen por la derecha pero los coches tienen el volante en la derecha (como si en España condujéramos coches ingleses) y que puedes entrar en una autopista de peaje y que se te crucen personas, cabras o vacas. Durante toda la mañana no ha dejado de llover, pero de camino al aeropuerto nos ha caído el diluvio, otra de las cosas que deberían mejorar aquí es el alcantarillado en las ciudades y el drenaje en las carreteras.
Una vez en el aeropuerto de Mandalay hemos almorzado algo. Después hemos ido al mostrador porque la compañía de hoy no tenía facturación online. Al llegar allí nos han puesto una pegatina con el logo de la compañía y el código del aeropuerto de destino, y nos han dado unas tarjetas de embarque escritas a boli. El vuelo de hoy dura media hora y es en un avión de hélices, similar a los Binter de Canarias.
Volar así es una novedad para nosotros, apenas hemos despegado ha empezado el aterrizaje. Como se han percatado de que somos personas muy importantes nos han colocado en la primera fila que es la que tiene más espacio para las piernas, además somos los únicos a los que han dejado subir las maletas a la cabina. El avión es como un autobús con alas, es más, ha aterrizado, unos viajeros hemos bajado, otros continuaban viaje y otros se han subido. El aeropuerto de Nyaung - Bagán tiene una terminal más pequeña que una estación de autobuses, tiene sólo una puerta de embarque y llegada y no tiene cinta de recogida de maletas.
Hemos cogido un taxi que nos ha llevado al hotel, que está cerca del aeropuerto. Después de soltar las maletas y cambiarnos hemos ido a buscar la zona donde están los restaurantes.
Dije que en Mandalay el alumbrado público era deficiente, aquí directamente no existe, es imprescindible andar con linterna por la calle una vez se ha puesto el sol. Hemos entrado en un restaurante que tenía buena pinta con intención de probar la gastronomía nacional y ha sido todo un acierto. Eso sí, a pesar de empezar a cenar temprano según la costumbre española, cuando hemos terminado nos hemos dado cuenta de que todos los demás restaurantes de la calle ya habían cerrado. Ante la imposibilidad de tomar algo más, hemos vuelto al hotel y mañana comenzaremos la visita de la zona.
Ya va siendo hora de que demos cumplimiento al nombre del blog, después de un par de semanas de viaje, hoy llegaremos a Myanmar. Como hoy sí tenemos controlado el tiempo para llegar al aeropuerto, nos levantamos con más tranquilidad y desayunamos. Luego preparamos las maletas, dejamos el hotel y nos vamos a la parada del Sky train que tenemos cerca.
Llegamos con tiempo al aeropuerto porque hay que pasar los controles de pasaporte, seguridad y verificación del visado para el destino.
Una vez en el avión nos damos cuenta de que la mitad del pasaje son españoles, queda claro que Myanmar está de moda. A Felipe le tocan al lado un par de chavalas a las que tiene que ayudar a rellenar las tarjetas de inmigración y aduanas porque su nivel de inglés es más bien justito.
En el aterrizaje se puede observar el paisaje típico del país: terrenos llanos, pagodas, ríos y campos inundados. Nuestro avión aterriza en Mandalay, al norte del país. Esta ciudad tuvo un aeropuerto dentro de la misma, pero el nuevo lo construyeron lejos del núcleo urbano.
Tras pasar los controles de entrada pertinentes buscamos un cajero para sacar efectivo; se ve que no hay billetes de grandes cifras porque nos sale un fajo enorme. En este aeropuerto no hay ni autobuses ni trenes que conecten con la ciudad, por lo que la mejor opción que tenemos es un microbus que va dejando a los turistas en sus hoteles.
La distancia entre el aeropuerto y el centro de la ciudad es de treinta kilómetros, algo que en cualquier país europeo se recorre en una medida hora, pero aquí debido al estado de la carretera y al caos circulatorio tardamos hora y media en llegar al hotel.
La parte positiva del trayecto y de que el microbus fuera dejando otros viajeros en sus hoteles es que nos hemos podido hacer una idea general de la ciudad: muy grande, con un diseño de cuadrícula, desordenada y caótica al estilo Vietnam, y en su mayor parte con construcciones bajas que se alternan con espacios vacíos y algunos edificios nuevos y altos. También pasamos junto al principal monumento de la ciudad, el palacio real de Mandalay.
A Trigueros le había advertido un compañero que estuvo de viaje por aquí que las calles no tenían farolas, algunas hay, pero la iluminación nocturna es muy deficiente. Hay que tener en cuenta que en estos países asiáticos no tienen horario de verano, por lo que a las siete de la tarde ya se ha puesto el sol.
Mientras Trigueros se ducha Felipe y yo entramos en un bar que hay junto al hotel para echar una cerveza, del lugar nos llama la atención el abridor para los botellines que es un trozo de madera con un tornillo y una tuerca en la punta, y una rata del tamaño de un conejo que atravesó el bar corriendo.
Para cenar elegimos un restaurante coreano que parece limpio, y para cerrar el día encontramos un bar donde probar cervezas locales y unos cócteles.