martes, 18 de julio de 2017

Día 16. De Mandalay a Bagán

Como dije en la entrada anterior, Mandalay es una ciudad muy grande, la mayoría de la gente recomienda moverse en bici para visitarla. Nuestro plan inicial era levantarnos temprano para coger unas bicis y poder ver lo máximo posible de la ciudad, pero el tiempo no nos ha acompañado. Ha estado toda la noche lloviendo y al amanecer no ha cambiado, al final a media mañana que ha aflojado un poco hemos pedido un taxi para poder visitar al menos el Palacio Real de Mandalay.
A Trigueros y a mí nos ha recordado a la Ciudad Prohibida de Pekín en pequeño, tiene también un recinto amurallado bastante extenso rodeado por un foso lleno de agua, aunque aquí los edificios ocupan sólo la parte central del recinto. El palacio es una reconstrucción de finales de los ochenta ya que los edificios originales quedaron muy dañados en varios terremotos y en bombardeos durante la segunda guerra mundial. Al terminar la visita volvimos al hotel para recoger las maletas.
Existen varias curiosidades de Myanmar que iré contando, una de ellas es que la mayoría de los hombres no usan pantalones sino una prenda similar a un pareo llamada "longyi". Como lo he visto interesante me he comprado uno en una tienda cercana al hotel, así que me veréis con indumentaria birmana en los próximos días.
A las dos de la tarde hemos cogido un taxi hacia el aeropuerto; otras de las curiosidades del país es que conducen por la derecha pero los coches tienen el volante en la derecha (como si en España condujéramos coches ingleses) y que puedes entrar en una autopista de peaje y que se te crucen personas, cabras o vacas. Durante toda la mañana no ha dejado de llover, pero de camino al aeropuerto nos ha caído el diluvio, otra de las cosas que deberían mejorar aquí es el alcantarillado en las ciudades y el drenaje en las carreteras.
Una vez en el aeropuerto de Mandalay hemos almorzado algo. Después hemos ido al mostrador porque la compañía de hoy no tenía facturación online. Al llegar allí nos han puesto una pegatina con el logo de la compañía y el código del aeropuerto de destino, y nos han dado unas tarjetas de embarque escritas a boli. El vuelo de hoy dura media hora y es en un avión de hélices, similar a los Binter de Canarias. 
Volar así es una novedad para nosotros, apenas hemos despegado ha empezado el aterrizaje. Como se han percatado de que somos personas muy importantes nos han colocado en la primera fila que es la que tiene más espacio para las piernas, además somos los únicos a los que han dejado subir las maletas a la cabina. El avión es como un autobús con alas, es más, ha aterrizado, unos viajeros hemos bajado, otros continuaban viaje y otros se han subido. El aeropuerto de Nyaung - Bagán tiene una terminal más pequeña que una estación de autobuses, tiene sólo una puerta de embarque y llegada y no tiene cinta de recogida de maletas.
Hemos cogido un taxi que nos ha llevado al hotel, que está cerca del aeropuerto. Después de soltar las maletas y cambiarnos hemos ido a buscar la zona donde están los restaurantes.
Dije que en Mandalay el alumbrado público era deficiente, aquí directamente no existe, es imprescindible andar con linterna por la calle una vez se ha puesto el sol. Hemos entrado en un restaurante que tenía buena pinta con intención de probar la gastronomía nacional y ha sido todo un acierto. Eso sí, a pesar de empezar a cenar temprano según la costumbre española, cuando hemos terminado nos hemos dado cuenta de que todos los demás restaurantes de la calle ya habían cerrado. Ante la imposibilidad de tomar algo más, hemos vuelto al hotel y mañana comenzaremos la visita de la zona. 

Cenando comida de Myanmar

Palacio Real de Mandalay 


Vistas desde la torre

Nuestro avión de hoy

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