domingo, 9 de julio de 2017

Día 4. Agra

El día de hoy ha empezado otra vez muy temprano, ya que teníamos que recorrer bastante distancia en metro y después coger un tuk tuk hasta la estación para coger el tren que nos lleva a Agra. Esta ciudad se encuentra a unos doscientos kilómetros al sureste de Nueva Delhi y es donde se encuentra el célebre Taj Mahal. Tanto la estación de Delhi como la de Agra son una imagen fidedigna de la realidad de este país: calor, humedad, suciedad, superpoblación y miseria.
Cuando salimos a la puerta de la estación hay una marabunta de personas intentando captar nuestra atención. Empezamos a negociar con varios individuos y al final acordamos un precio que nos convenía con uno. Después resultó que el chófer era otra persona y que con el que habíamos negociado nos quería hacer de guía. Una vez de camino al Taj Mahal estuvimos renegociando para que nos transportaran todo el día.
Llegamos y fuimos hacia la entrada con nuestro guía, primero pasamos por el control de entrada (ya que las llevábamos compradas por Internet) y a continuación había que pasar un control de seguridad. En ese momento el guía realizó la primera artistada, nos coló en la fila del control de seguridad empujando a todos los indios que estaban esperando para pasar; y pasó nuestras mochilas por el escáner por delante de todas las demás. Después cuando íbamos hacia el interior del monumento nos dimos cuenta de que se estaba limpiando el sudor con nuestras entradas.
Como de costumbre, nos encontramos andamios en el monumento. A lo largo de los jardines nos hicimos varias fotos y nuestro guía nos fue explicando la historia y los detalles del monumento. A la hora de acceder al edificio del mausoleo nos explicó que nosotros entrábamos directamente porque teníamos entradas caras, que los indios deben rodear primero todo el edificio.
La segunda artistada del guía fue que había una valla cortando parte del espacio de la puerta del mausoleo, la apartó y nos volvió a colar por delante de los que estaban esperando. La verdad es que el interior del mausoleo es impresionante, siendo claros, es lo único que merece la pena del país.
Una vez hubimos recorrido el interior volvimos a salir, y llegó el momento de la tercera artistada del guía, nos dio Internet a través de su móvil para que le escribiéramos una crítica con la máxima puntuación en TripAdvisor.
Terminada la visita al Taj Mahal fuimos a comer, aunque primero pasamos por una licorería para comprar cervezas y el guía se quedó flipado cuando vio a Trigueros quitarles la chapa con el palo selfie.
Después de comer estuvimos viendo un taller de mármol y después fuimos al Fuerte de Agra, pero como la entrada era muy cara lo vimos por fuera solamente. Como el guía y el chófer no paraban e insistir en ir de tiendas (por razones obvias) les dijimos que nos llevaran para la estación de tren.
Como llegamos temprano tuvimos que estar bastante tiempo esperando hasta que el tren saliera. Durante ese tiempo pasamos calor, vimos llegar y salir los trenes normales que parecen los de la películas cuando los alemanes transportaban a los judíos en la segunda guerra mundial (con la diferencia de que aquí la gente viaja así voluntariamente), a Trigueros le dio un apretón y lo invitaron a usar gratis el servicio de la estación, y no podían faltar personajes que se nos acercaran. Un hombre mayor estuvo un rato detrás nuestra por la estación intentando decirnos algo y nosotros huyendo de él dando lugar a una situación bastante cómica.
A la hora prevista salió nuestro tren (el de la gente rica) y volvimos a nuestro hotel a Delhi. Después de una merecida ducha cenamos algo y subimos a la terraza del hotel a tomarnos unas cervezas heladas tranquilamente.




Selfie con nuestro guía

Estación de tren de Agra

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